viernes, 20 de noviembre de 2009

PASCAL HENRY : MALVIVIENDO : PASCAL HENRY : BAD LIFE : 帕斯卡胡:坏的生活

No tiene casa, ni trabajo, ni dinero. Casi un año después de poner fin a su voluntaria y enigmática desaparición, el gurmet suizo Pascal Henry es un sin techo en su propia ciudad, Ginebra. Un programa de la televisión francesa, Prise directe, dedicó esta semana uno de sus reportajes al hombre que se hizo famoso al interrumpir en el verano del 2008 su ruta de 68 días por los 68 restaurantes del mundo con tres estrellas Michelin y desaparecer tras cenar en El Bulli, en Rosas.



Mucho más delgado, con unos 20 kilos de menos, Henry suele pasar los días en un lugar que ya frecuentaba antes de emprender su particular Ruta 68 en mayo del año pasado: casi cada día se presenta en el céntrico parque de Bastions de Ginebra, donde pasa las horas jugando en alguno de la docena de tableros de ajedrez gigantes pintados en el suelo. Sentado en una silla, elabora sus movimientos y estudia los del rival, o simplemente es uno de los numerosos espectadores de alguna otra partida.

SIN CAMARAS Cuando Pascal Henry observó la cámara del canal France2 que le enfocaba desde la distancia, se levantó súbitamente de su silla, subió las escaleras en una parte lateral del parque y desapareció detrás de los árboles. Poco después, el equipo de reporteros de la cadena le abordó en la calle, ya con una cámara oculta, para preguntarle sobre su desaparición y su vida actual. Henry explicaba que no tiene familia, ni trabajo, que rechaza la actual sociedad de consumo y que prefiere mantenerse en el anonimato.

Aun así, el último año ha concedido varias entrevistas para explicar cada vez con más detalle qué le llevó a esfumarse de madrugada cuando, el 12 de junio del año pasado, aún no había pagado la factura de El Bulli, el restaurante número 42 de su recorrido gastronómico por el mundo. Pese a no tener ni relación ya con los amigos del pasado, como el matrimonio con el que vivía en las afueras de Ginebra, se sinceró con su amigo Jacques Perrin, un comerciante de vinos que en su día alertó en su blog de la desaparición de Henry.

"Desde hacía una semana no me encontraba demasiado bien. Cada día iba perdiendo la ilusión de lo que estaba haciendo. Cuando en El Bulli una periodista española pidió mi tarjeta de visita, fui al coche a buscarlas. Me senté al volante. Me quedé tres minutos esperando así... Giré la llave y desaparecí en la noche. Fue un gran agujero negro".

Durante meses dio vueltas en su coche alquilado, en el que dormía. Dudaba en refugiarse durante un tiempo en un monasterio. No reapareció hasta diciembre. Desde entonces, no ha encontrado trabajo, ni casa, ni un lugar en la sociedad. Colaboró con algún reportaje periodístico en un restaurante, dijo que sería un buen sumiller. "Para la gente es difícil entenderme, no puedo explicar por qué hago lo que hago". Está solo, dice. Muy solo.





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